JAVIERES

Director Espiritual

 

“MIRAD AL TRASPASADO” 

 

antonio martin caraEl anuncio de la pasión que Lucas, hace de Jesús, viene preparado por la lectura de Zacarías, que alude a un hecho dramático futuro y misterioso: a alguien le traspasarán en Jerusalén, y de ese hecho serán todos culpables y tendrán que hacer luto. Todos “mirarán a quien traspasaron “.

“¿Qué he hecho yo para ganarme esto?”. Es esta la típica frase que podemos oír o decir con frecuencia . Suele salir de la cama, de la enfermedad, del pasillo del hospital, a pie de carretera tras un accidente o de la boca del que apoya su cabeza sobre la mesa, abatido tras cualquier gran traspié o desgracia que nos venga en el trabajo o relacionado con algún contratiempo en estos tiempos de crisis económica .

Y es que en el fondo de esa cuestión (“Por qué me ha tocado a mí “) suele esconderse inexpresiva la convicción de que Dios castiga material y puntualmente al pecador. Bien es verdad que dicha convicción se quiebra cuando vemos que aquellos a los que juzgamos pecadores, y con “ vida desenfrenada y hedonista” campan por esta vida sin ningún tipo de castigo….

Toda esta forma de pensar se contradice con aquella otra convicción del creyente: que Dios es amigo de los humanos y que no halla felicidad en hacer sufrir a los hombres. Cómo es Dios, se pone de manifiesto en el sencillo discurso de Jesús sobre la higuera ( Lucas 13, 6-9), pues en ese hecho es en donde se emplean a fondo el cariño y la paciencia para que el árbol (en definitiva el hombre) llegue a dar fruto que es el destino de su naturaleza.

Pero no sólo es el cariño y la paciencia lo que caracteriza la relación Dios- hombre, sino como vemos continuamente en la parábola del hijo pródigo, lo propio de Dios es el amor infinito ( sin condiciones) que Dios emplea en cada persona y cada circunstancia de la vida. El sale al encuentro, antes de que uno decida volver a Él.

¿Dónde queda esa pretendida actuación justiciera, castigadora de Dios? El Evangelio nos requiere a revisar ese pensamiento primitivo, infantil o totémico. El dolor es un castigo, una consecuencia del mal que cometemos…

Jesús, el Cristo, el que se hizo como uno de nosotros, se rebajó hasta lo último de nuestro mundo, y se pareció en todo a los hijos de los hombres menos en el pecado… Él es el que nos dice que esa convicción es infundada, irracional, desconfiada. Jesucristo nos habla precisamente de un Padre, que no es vengativo, sino amigo de sus hijos, que nos quiere y acepta tal como somos, con nuestros “ defectos de fabricación “ .Nosotros “miramos al que han traspasado” y vemos en él al Salvador y al que da sentido a nuestra vida. Por el sacrificio de uno ha sido salvada la humanidad. El amor ha vencido al mal. Él es, sobre todo, amor.

 

Antonio Martín Cara, SJ

Director Espiritual

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