CARTA DEL HERMANO MAYOR
Queridos hermanos….. iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, antigua iglesia de San Francisco de Paula, es el único templo jesuita que se mantenı́a en el centro de Sevilla del amplio conjunto que llegó a administrar la congregación en siglos pasados (San Luis, Anunciación, colegio de San Gregorio, colegio de los Irlandeses, Colegio de las Becas, San Hermenegildo, Villası́s…) Después de la expulsión de la orden por Carlos III, su restauración y la disolución que decretó la II República, la orden de los jesuitas se asentó definitivamente en los terrenos del antiguo convento de Portaceli y en la gran manzana comprendida entre las calles Trajano y Jesús del Gran Poder.
Por la fachada de la antigua calle de las Palmas se accede a la antigua iglesia del convento de los padres Mínimos, originalmente titulado como de San Francisco de Paula. Fue una fundación realizada por Mínimos provenientes del convento de Nuestra Señora de la Victoria de Madrid en 1589, inicialmente destinada a colegio de estudios. La edificación de la iglesia no se realizó hasta mediados del siglo XVII, sufriendo el conjunto, al igual que otros muchos conventos de la ciudad, los efectos de la invasión francesa.
En aquel infausto periodo fue expulsada una comunidad que nunca regresarı́a, siendo convertido el conjunto en cuartel. El antiguo Convento de San Francisco de Paula tenía su entrada por lo que hoy es plaza de Santa Bárbara, hasta donde llegaba la Alameda de Hércules, ya que no existían las manzanas de casas que existen actualmente. Existı́a una enorme explanada delante del Convento de los Mı́nimos, y al ser expulsados estos religiosos por la Desamortización, se convirtió el convento en cuartel, y las tropas hacı́an su instrucción en aquella explanada (de aquı́ le vino el nombre de “Santa Bárbara” a la actual pequeña plaza). El convento tenía un amplio claustro con columnas y arcos, que se convirtió en casas de vecinos.
La Iglesia siguió abierta al culto hasta 1866, estando al frente de ella un sacerdote Mínimos, que era capellán de las tropas. Así siguió hasta 1866, en que desapareció el cuartel. Ese mismo año, el arzobispo entregó la Iglesia a la Compañía de Jesús, pero dos años después, en la Revolución de 1868, se incautó el Estado de ella y la sacó a subasta pública. Fue entonces cuando la compró una comunidad protestante inglesa que la adaptó al culto. Al no conseguir apenas seguidores en Sevilla, sus nuevos dueños pensaron venderla. La familia Armero, muy cercana a la Compañı́a (sobre todo su hija Inés, que más tarde ingresó en las Salesas), pidió a la Santa Sede la facultad de comprar a los Protestantes esta Iglesia; concedió el Rescripto Pontificio, se guardó en secreto esta compra, y el 16 de marzo de 1887 se firmó la escritura, por la que la familia Armero adquirı́a la Iglesia por la cantidad de 70.000 ptas. al contado y otras 5.000 ptas. para gastos de transmisión.
Los dueños desde Inglaterra habían mostrado su deseo de que esta Iglesia no pasara a las autoridades eclesiásticas y menos a los jesuitas. A pesar de todo, ya que el comprador fue un seglar, no hubo inconveniente, pero a la hora de firmar la escritura ya estaba la llave de la iglesia en poder de la Compañı́a de Jesús, con la que tuvieron que tratar a los protestantes para sacar sus cosas de la Iglesia.
Se comenzaron las obras y, una vez terminadas, se inauguró la Iglesia el 18 de diciembre de 1887, fiesta de la Virgen de la Esperanza. La bendición del templo estuvo a cargo del Sr. Cardenal en una función solemnísima. Para esta nueva Iglesia pintó el jesuita Urbina los grandes cuadros que están a ambos lados del presbiterio; también pintó otros diez cuadros para adorno del templo, y los cuatro evangelistas que están en las pechinas de la cúpula. El altar mayor, hecho de mármoles por el artista genovés Frappoli, fue costeado por los Sres. Goyoneta. Para las hornacinas laterales fueron compradas dos imágenes de mármol de San Juan Bautista y San Miguel. Estas estatuas y los dos relieves del Nacimiento y el Calvario fueron decorados posteriormente. En la hornacina superior se puso la imagen del Sagrado Corazón, que se trasladaría posteriormente al vestíbulo de la entrada por la calle Trajano. En la hornacina central estaba la Virgen de la Victoria, durante un tiempo depositada en la parroquia de San Lorenzo, y que fue devuelta a su templo. Esta imagen quedó casi oculta por un gran templete que había en el altar mayor, que ha desaparecido en una reforma.
La imagen de la Gran Madre, obra de Duque Cornejo, fue colocada en la Iglesia en un altar de la nave del Evangelio, que fue costeada por los Sres. de Guajardo Fajardo y Torres. Esta imagen, que estuvo colocada en la escalera del Colegio de San Hermenegildo, fue depositada durante los años de la revolución en la casa de los Sres. Guajardo Fajardos que estaba situado en el lugar en donde más tarde estuvo el Colegio de las Irlandesas en la calle Jesús del Gran Poder.
En los primeros años del siglo XX, se añadió a la nave de la Epístola otra nave más estrecha, con el terreno que se abandonó al patio de la Residencia y una habitación, para dar entrada a la sacristía por la nave lateral de la Iglesia. También se abrió al presbiterio una pequeña comunicación desde la sacristía. También se reparó en ese tiempo el gran artesonado mudéjar.
La iglesia del Sagrado Corazón presenta un sencillo portalón de acceso por la calle Jesús del Gran Poder que se corona con un frontón partido con el anagrama de los jesuitas, elemento que se combina con una decoración de paños de azulejos alusivos a la Orden de los Mı́nimos. Son piezas del siglo XVII que algunos atribuyen a un diseño de Herrera el Viejo. Al centro se sitúa San Francisco de Paula, fundador de la Orden de los Mínimos, antiguo titular del templo. A su alrededor aparecen San Jerónimo, San Cristóbal, San Leandro y San Isidoro. La fachada tiene una pequeña torre bajo la que se sitúa un moderno azulejo del Sagrado Corazón de Jesús. Los pequeños azulejos de la torre son del siglo XVII y representan a la Virgen con el Niño, San José y San Juan Bautista. Completa el conjunto un azulejo moderno del padre Tarín, jesuita declarado venerable que está enterrado en una capilla interior de la iglesia. El interior de la iglesia es una edificación de tres naves, con crucero, marcado presbiterio y coro en la zona de los pies. Las naves laterales se separan mediante arcos de medio punto, estando cubiertas por bóvedas de arista. La nave central se cubre con techumbre de madera del siglo XVII que imita modelos anteriores; tanto la cabecera como los brazos del crucero se cubren con bóvedas de cañón. Sobre el crucero se levanta una bóveda semiesférica sostenida por pechinas en las que aparecen relieves de los evangelistas. Los muros situados sobre las naves laterales se decoran con diversos cuadros que son copias barrocas de grandes autores. Se pueden distinguir en el muro derecho el Camino del Calvario, de Rafael; la Piedad, de Van Dyck y el Tránsito de la Virgen. En el muro derecho se sitúa una copia de la Anunciación de Van Dyck, el Nacimiento de Jesús y el Niño Jesús entre los doctores. El retablo mayor es obra del siglo XIX, poco habitual en el panorama sevillano por sus formas y sus materiales. Fue realizado en mármol, según se indicó anteriormente, por un desconocido artista apellidado Frapolli. Se ordena en un banco, dos cuerpos con tres calles y ático. Lo preside una gran escultura del Sagrado Corazón de Jesús, obra de Victoriano Salmón (1900), ahora trasladado al cuerpo superior sobre el dosel que en el que se sitúa la imagen del Cristo de las Almas.
En la hornacina lateral izquierda se mantiene la Virgen de la Victoria, conservada del antiguo convento de los Mínimos, notable talla atribuida con fundamento a Benito Hita del Castillo. En la hornacina derecha, la imagen de San José con el Niño se atribuye al escultor Blas Molner. En los laterales del cuerpo superior se sitúan dos relieves con el Nacimiento y el Calvario.
Dos grandes lienzos modernos con escenas de San Ignacio de Loyola y una apoteosis de la Compañía de Jesús completan la decoración de la zona del presbiterio. Las piezas más importantes se sitúan en la zona del crucero. En la parte de la Epístola se sitúan diversos cuadros, como un Descendimiento del siglo XVIII. En un retablo de fines del siglo XIX, la Inmaculada titular de nuestra hermandad, obra de Manuel Escamilla, sustituye a la talla de San Alfonso Rodrı́guez, que tendrá nueva ubicación en el templo tras una futura restauración. En sus hornacinas laterales, los arcángeles Miguel y Rafael, proceden de una donación y están pendientes también de algunas labores de limpieza y conservación. En la parte del Evangelio, el conjunto de la Virgen de Gracia y Amparo y San Juan se sitúa en el retablo antaño presidido por la imagen de la Gran Madre, obra de Pedro Duque Cornejo del año 1721 que la Compañı́a de Jesús decidió conservar para su veneración en el nuevo Centro Arrupe de Sevilla. En el mismo testero destacan también unas esculturas de barro cocido representando a San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja, de estética cercana a Martı́nez Montañés, relacionables con las tallas que realizó Montañés para la Casa Profesa, actual iglesia de la Anunciación.
En las capillas laterales de la nave izquierda destaca el retablo dedicado a la Virgen Milagrosa, realizado en plata por el reconocido orfebre Cayetano González para una capilla particular que estuvo instalada en la calle Quevedo. En el mismo testero, los alares contiguos están dedicados a San Francisco de Paula, imagen titular del templo original, recompuesta a partir de una talla original del siglo XVIII, y a la Virgen del Sagrado Corazón, talla realizada por Enrique Pérez Comendador que aparece flanqueada por dos santos jesuitas, San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kotska.
A los pies de la nave del Evangelio se levanta la capilla de las Ánimas, con cuadro principal de José María Romero, lugar donde se ubica la tumba del venerable padre Francisco Tarı́n Arnau, de gran devoción en la ciudad.
En el muro derecho del templo destaca la capilla dedicada al cuadro de la Virgen de la Salud de Roma, que parece corresponder a una de las dos copias que el propio Francisco de Borja encargó del original conservado en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. El cuadro, acompañado en la actualidad de una notable colección de reliquias, estuvo hasta bien avanzado el siglo XIX en la capilla del noviciado de los jesuitas situado en la calle San Luis. En la misma nave, en el retablo antes dedicado a San Francisco de Borja, se sitúa la imagen de San Francisco Javier, durante muchos años ubicada en el pasillo de tránsito entre la iglesia y la calle Trajano. La talla, de gran devoción, es obra de Antonio Bidón y sigue el mismo modelo que el autor retrató en el antiguo titular de la hermandad de la Cena de Sevilla. También se ha situado en esta nueva capilla la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que se situó antaño en el pasillo de acceso de la calle Trajano.
